Terminando el año 2021 y acercándonos ya a casi dos años de pandemia, todos los expertos en economía, así como las principales instituciones y centros de estudios económicos, empiezan a realizar y a presentar las denominadas predicciones para el año que llega. Para Colombia, entidades como el Banco de la República, el DANE, o el Departamento Nacional de Planeación ya tienen listas sus proyecciones de lo que deja este 2021 y de lo que será el 2022 en materia económica, proyecciones que se verán enmarcadas en un crecimiento positivo en los principales indicadores económicos.
Hace aproximadamente un año, invitado como columnista en un medio de comunicación, expresaba que la pandemia generada por el COVID-19 no ocasionaría grandes cambios en el orden mundial en lo que a economía se refiere, toda vez que el modo de producción actual, el que nos rige, el capitalismo, apenas se encuentra en un estado nobel, es decir, apenas estamos en los inicios de un modo de producción que regirá por muchos años. Esto generó muchos comentarios puesto que varios colegas, conocidos y amigos vislumbraban esta pandemia como el apocalipsis del capitalismo. Pues bien, esto no sucedió y por el contrario, lo que hoy se puede observar es un gran aumento en el principal indicador del crecimiento del capitalismo, que es el consumo. Basta con salir a un centro comercial, a un restaurante, a los almacenes para observar las ansias de consumo de las personas; basta con mirar las vías llenas de vehículos nuevos; basta con ver los principales sitios turísticos abarrotados de personas, es decir, la pandemia reactivo el consumismo hoy multiplicado por las compras en línea; ya no es necesario esperar a que el Centro Comercial abra sus puertas, ya solo es abrir el celular y el mercado mundial se abre a tus ganas de consumir.
En un mundo globalizado donde las fronteras no importan, siempre podemos recurrir a otros países si algo sucede; aún así en plena pandemia las fronteras de repente sí importaron, ya que los países se aferraron con fuerza a las máscaras y el equipo médico, y lucharon por obtener suministros. La crisis del coronavirus debió haber sido un poderoso recordatorio de que la unidad política y económica básica sigue siendo el estado-nación y hoy con la pandemia controlada no parece haber un cambio en el modelo globalizado.
Veo que las barreras se reducen e incluso se eliminan para aquellos que quedan fuera de las estructuras y salas de juntas tradicionales de la empresa. En lugar de que la responsabilidad o el monopolio determinen un ganador, el crecimiento y el éxito durante y después de la pandemia se ha dirigido a lo innovador, lo flexible y lo enérgico. El comercio minorista tradicional, los bancos tradicionales y las empresas se enfrentaron a enormes desafíos organizativos, especialmente los relacionados con la eficiencia, que muchas empresas más jóvenes y ágiles no tenían. Trabajar desde casa ha sido orgánico para un porcentaje creciente de empresas emergentes en todo el mundo que ya eran prepandémicas, y les dio una ventaja mientras el resto del mundo intentaba adaptarse. Sin la necesidad de viajes de negocios costosos y a menudo ineficientes o membresías de clubes privados, el acceso a nuevos socios e inversores ahora está a solo una llamada de distancia.
Si algo bueno ha quedado y que incidirá en el futuro es que el COVID-19 ha recordado a los humanos lo dependientes que somos de nuestros ecosistemas y la aguda conexión entre la salud humana y la salud de nuestro planeta. Lo que vemos ahora es una oportunidad para reflexionar, reevaluar y reimaginar las formas en que usamos nuestros recursos. En un mundo pospandémico, ha aumentado la preocupación por nuestra salud y la salud del planeta y, con ella, la voluntad de los líderes de todo el mundo de apoyar sistemas y materiales sostenibles que se sincronicen con la naturaleza. En cuanto a lo económico, no pasará de ser una fluctuación, para unos negativa y para otros positiva dentro del ciclo económico capitalista actual.