martes, 3 de marzo de 2026

Colombia 2026: Crecimiento sin cimientos y la erosión silenciosa de la confianza

 En economía, no todo crecimiento es sinónimo de fortaleza. A pocos meses de concluir el actual ciclo gubernamental, Colombia exhibe una cifra que el Ejecutivo presenta como prueba de resiliencia: un crecimiento del PIB cercano al 2,6% en 2025. Sin embargo, detrás de ese número se esconde una pregunta incómoda: ¿estamos ante una recuperación estructural o frente a un estímulo transitorio financiado con deuda?

El problema no es la cifra, sino su composición. Cuando el principal impulsor del crecimiento es el gasto público y no la formación bruta de capital, lo que se obtiene no es expansión sostenible, sino una ilusión estadística. Y las ilusiones, en macroeconomía, suelen cobrarse con intereses.


I. La fragilidad fiscal: déficit estructural y pérdida de anclas

Colombia llega a 2026 con un déficit fiscal elevado y una deuda pública que permanece en niveles históricamente altos como proporción del PIB. Más preocupante aún es el carácter estructural del desequilibrio: el gasto rígido crece más rápido que los ingresos permanentes.

El argumento oficial sostiene que el endeudamiento responde a obligaciones heredadas y a la necesidad de proteger el gasto social en un entorno de desaceleración. Sin embargo, el debate no puede reducirse a la legitimidad del gasto, sino a su sostenibilidad intertemporal. Financiar transferencias corrientes con deuda cara, en un contexto de tasas reales aún altas, implica trasladar el ajuste hacia adelante, comprometiendo la capacidad fiscal de la próxima administración.

La credibilidad fiscal no se pierde de un día para otro; se erosiona gradualmente cuando el mercado percibe que la regla fiscal se flexibiliza, que las metas se reinterpretan y que las reformas tributarias no generan ingresos estructurales sino alivios transitorios. La consecuencia no es abstracta: mayor prima de riesgo, encarecimiento del servicio de la deuda y desplazamiento de inversión privada por absorción de ahorro interno.

El Estado se convierte así en el principal demandante de recursos financieros, compitiendo con el sector productivo. El resultado es una economía menos dinámica, más dependiente del presupuesto y más vulnerable a choques externos.

II. Inversión privada: la variable que revela la verdad

La formación bruta de capital fijo continúa rezagada. Esta es la señal más clara de que el crecimiento reciente no descansa sobre bases sólidas. La inversión no responde a discursos, sino a expectativas de estabilidad regulatoria, seguridad jurídica y horizonte energético claro.

La ambigüedad en la política de transición energética ha generado un efecto paralizante. Mientras se promueve un cambio estructural en la matriz productiva, no se ha definido con precisión el cronograma, los incentivos ni las garantías para la inversión en sectores tradicionales que aún financian buena parte del gasto público. La caída en la producción de hidrocarburos durante 2025 no es solo un dato sectorial: es una señal de advertencia sobre la sostenibilidad fiscal y externa.

Sin inversión, no hay aumento de productividad ni crecimiento potencial. Y sin crecimiento potencial, el país queda atrapado en una expansión cíclica de bajo nivel, donde cada punto adicional de PIB requiere mayores estímulos fiscales. Es una dinámica insostenible.

III. Inflación, salario mínimo e indexación: el riesgo latente

Si bien la inflación ha descendido desde los máximos observados en años anteriores, las proyecciones la ubican aún por encima de la meta del banco central. Esto plantea un dilema: consolidar la desinflación o ceder ante presiones distributivas de corto plazo.

Los incrementos significativos del salario mínimo, aunque políticamente populares, deben analizarse desde la productividad laboral. Cuando el salario crece persistentemente por encima de la productividad, se generan presiones sobre los costos empresariales que se trasladan a precios o a informalidad. En economías con alta indexación implícita —contratos, arriendos, tarifas, servicios— el riesgo es consolidar un piso inflacionario superior al objetivo.

Las propuestas de controles de precios o intervenciones administrativas para contener efectos secundarios profundizan las distorsiones. La experiencia comparada demuestra que tales mecanismos generan escasez relativa, menor inversión y señales erróneas de mercado. El resultado final no es menor inflación, sino menor crecimiento.

El banco central se ve entonces forzado a mantener tasas de interés restrictivas por más tiempo, afectando el crédito productivo y el consumo duradero. La política monetaria termina corrigiendo desequilibrios generados por decisiones fiscales y salariales expansivas.

IV. Confianza institucional: el activo intangible en riesgo

Más allá de las cifras, el verdadero desafío es la confianza. La inversión responde a expectativas. Y las expectativas se construyen sobre coherencia, previsibilidad y respeto por reglas de juego.

La reiteración de discursos confrontacionales hacia sectores estratégicos, la incertidumbre sobre reformas estructurales y la percepción de improvisación en decisiones económicas erosionan ese capital intangible. No es casual que la inversión extranjera directa muestre volatilidad y que los agentes económicos adopten posiciones defensivas.

En macroeconomía, la confianza es un multiplicador silencioso: cuando existe, reduce primas de riesgo y acelera inversión; cuando se pierde, incluso el estímulo fiscal más agresivo resulta insuficiente.

Conclusión: crecimiento aparente, riesgos reales

Colombia no enfrenta una crisis inmediata, pero sí un deterioro gradual de sus fundamentos. El crecimiento de 2025 no puede interpretarse como validación de la estrategia económica actual si está sostenido por expansión fiscal y consumo financiado.

El país necesita reconstruir anclas: disciplina fiscal creíble, reforma tributaria estructural que amplíe base y reduzca evasión, política energética clara y respeto irrestricto por la institucionalidad económica. De lo contrario, el próximo gobierno heredará un margen de maniobra estrecho, mayor costo financiero y menor espacio para políticas contracíclicas.

El debate no es ideológico; es técnico. La pregunta central es si queremos crecimiento sostenido basado en inversión y productividad, o expansión coyuntural apoyada en deuda.

Las cifras de hoy pueden celebrarse. Las de mañana dependerán de las decisiones que se tomen ahora. Y en economía, el tiempo perdido rara vez se recupera sin costos.

 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Colombia no crecerá por decreto: las decisiones incómodas que el próximo presidente tendrá que tomar

 En Colombia se ha vuelto costumbre prometer crecimiento económico sin explicar cómo lograrlo. Se habla de justicia social, de subsidios, de reformas, de impuestos y de cambios estructurales, pero se evita decir una verdad incómoda: ningún país crece de manera sostenida si no produce más, exporta más y atrae inversión de manera permanente. Si el próximo presidente realmente quiere fortalecer la economía y acercar a Colombia al ritmo de crecimiento de economías más sólidas, tendrá que tomar decisiones que no siempre son populares, pero sí necesarias. 

Primero: dejar de ver a la empresa como sospechosa: Durante años, el discurso público ha oscilado entre la desconfianza y la confrontación hacia el sector productivo. Sin empresas no hay empleo, sin empleo no hay consumo y sin consumo no hay crecimiento. Es una cadena elemental. El país necesita reglas claras, estabilidad jurídica y mensajes coherentes. La inversión no  llega por patriotismo ni por discursos; llega cuando existen garantías y previsibilidad.

Segundo: admitir que el Estado no puede hacerlo todo: Existe la idea persistente de que el gasto público es la solución a todos los problemas. No lo es. El Estado cumple un papel fundamental, pero cuando pretende reemplazar la iniciativa privada, los resultados suelen ser ineficiencia, burocracia y endeudamiento. El crecimiento real no nace en los escritorios oficiales, nace en las empresas, en los emprendedores y en la productividad.

Tercero: dejar de castigar al que produce: Colombia tiene uno de los sistemas tributarios más complejos y cambiantes de la región. Cada reforma promete ser la definitiva y termina generando más incertidumbre. El país necesita estabilidad tributaria, no creatividad fiscal permanente. Los inversionistas pueden adaptarse a impuestos altos o bajos, pero no a reglas que cambian cada año.

Cuarto: enfrentar el atraso en infraestructura sin discursos triunfalistas: Transportar mercancía en Colombia sigue siendo caro, lento y, en muchos casos, impredecible. Esto no es un problema menor: es una de las principales razones por las que el país pierde competitividad. Mientras movilizar un producto dentro del país cueste más que enviarlo al exterior, hablar de competitividad será más retórica que realidad. 

Quinto: entender que el crecimiento no se decreta: El crecimiento económico no se logra con anuncios, ni con discursos, ni con optimismo. Se logra con disciplina fiscal, confianza, productividad y apertura al mundo. Pretender que la economía crecerá simplemente aumentando el gasto o cambiando el modelo por razones ideológicas es desconocer la experiencia de los países que han logrado desarrollarse.

Sexto: invertir en educación productiva, no solo en cobertura: Durante décadas se ha hablado de educación como prioridad, pero pocas veces se conecta este tema con la productividad real del país. No basta con aumentar el acceso; es necesario formar técnicos, tecnólogos y profesionales en áreas que realmente impulsen la economía: logística, industria, agroindustria, tecnología, comercio exterior y servicios especializados. Un país que no forma talento alineado con su economía termina condenando a miles de jóvenes al desempleo o a la informalidad.

Séptimo: combatir la informalidad con realismo, no con sanciones: Más de la mitad de la economía colombiana se mueve en la informalidad. Pensar que este fenómeno se resuelve con controles y multas es desconocer la realidad. La informalidad existe porque ser formal muchas veces es costoso, complejo y poco rentable. Reducir trámites, simplificar impuestos y facilitar el acceso al crédito puede hacer más por la formalización que cualquier campaña o decreto.

Octavo: recuperar la confianza en el futuro: El crecimiento económico también depende de algo intangible pero decisivo: la expectativa. Cuando los empresarios dudan, frenan inversiones; cuando  las familias sienten incertidumbre, reducen el consumo; cuando los jóvenes no ven oportunidades, emigran o se resignan. Un país que pierde la confianza en su propio futuro empieza a estancarse incluso antes de que los indicadores lo reflejen.

Una verdad que pocos quieren decir

Colombia no tiene un problema de falta de recursos; tiene un problema de prioridades, de ejecución y, sobre todo, de visión de largo plazo. El próximo presidente no será recordado por lacantidad de reformas que proponga, sino por su capacidad de generar confianza, atraer inversión y permitir que el país produzca más.

Porque, al final, el crecimiento económico no depende de discursos. Depende de decisiones. Y casi siempre, las decisiones correctas son también las más difíciles de tomar.

miércoles, 18 de diciembre de 2024

fracaso en las políticas económicas del presidente Gustavo Petro en Colombia

 La gestión económica de cualquier gobierno está intrínsecamente ligada a la estabilidad, el crecimiento y el bienestar de un país. En el caso de Colombia, bajo el liderazgo del presidente Gustavo Petro, se ha generado un debate intenso sobre la efectividad y las consecuencias de sus políticas económicas. Aunque sus propuestas fueron presentadas como una vía hacia la equidad social y la transformación estructural, en la práctica, estas han enfrentado severos desafíos que las han conducido, en algunos aspectos, al fracaso.

 

Uno de los principales problemas ha sido la falta de claridad y ejecución en la reforma tributaria, una de las promesas insignia del gobierno Petro. Esta reforma buscaba aumentar la recaudación fiscal gravando a los sectores más ricos y a las industrias extractivas. Sin embargo, su implementación ha generado incertidumbre en los mercados y desconfianza entre los inversionistas. En lugar de incentivar la inversión, ha provocado la fuga de capitales, debilitando sectores clave de la economía como el energético y el financiero. Además, las metas de recaudación no se han cumplido, lo que ha dejado al gobierno con menos recursos de los proyectados para financiar sus ambiciosos programas sociales.

 

Otro aspecto que ha demostrado ser problemático es la transición energética impulsada por el presidente Petro. Aunque el cambio hacia fuentes renovables es una necesidad global, el enfoque del gobierno ha sido percibido como demasiado acelerado y carente de una estrategia de transición clara. Al limitar la exploración y explotación de hidrocarburos, una de las principales fuentes de ingresos de Colombia, sin contar con alternativas consolidadas, se ha debilitado una economía ya golpeada por el desempleo y la inflación. Esta política ha generado inestabilidad en el sector energético, afectando la confianza de los mercados internacionales y reduciendo las exportaciones.

 

En el ámbito social, las promesas de reducir la desigualdad a través de subsidios y programas de redistribución de riqueza tampoco han tenido el impacto esperado. Las políticas de transferencia directa de dinero, si bien han beneficiado a ciertos sectores vulnerables, no han sido sostenibles a largo plazo debido a la falta de recursos suficientes y a la creciente inflación. Además, estas medidas no han estado acompañadas de estrategias efectivas para generar empleo ni de reformas estructurales en sectores como la salud y la educación, perpetuando problemas históricos de desigualdad.

 

El enfoque económico de Gustavo Petro, tanto en el ámbito interno como internacional, ha estado marcado por tensiones entre sus objetivos transformadores y la realidad de un sistema global interdependiente. La falta de coherencia y planificación en sus políticas económicas ha generado incertidumbre en los mercados, debilitado las relaciones comerciales estratégicas y afectado la percepción de Colombia como un socio confiable en el escenario global.

 

Mientras las metas de transición energética y redistribución de la riqueza son loables, su implementación apresurada y la falta de consensos necesarios han profundizado los desafíos económicos del país. En el plano internacional, la pérdida de confianza entre inversionistas y socios clave, combinada con un debilitamiento de las exportaciones, amenaza con agravar los problemas estructurales de la economía colombiana. En este contexto, el gobierno enfrenta la tarea urgente de replantear su enfoque económico, tanto dentro como fuera del país, para recuperar la estabilidad y proyectar una visión de desarrollo sostenible y equilibrado.

 

 

Por último, la retórica polarizadora del presidente Petro y su confrontación constante con los gremios económicos, los medios de comunicación y la oposición política han agravado el panorama. Esta actitud no solo ha minado la posibilidad de construir consensos necesarios para implementar reformas estructurales, sino que también ha profundizado la incertidumbre y la percepción de inestabilidad en el país.

 

En conclusión, el fracaso de las políticas económicas de Gustavo Petro radica en la desconexión entre sus propuestas transformadoras y la realidad económica del país. Aunque su enfoque busca atender problemas estructurales de desigualdad y dependencia económica, la falta de planificación, la implementación apresurada y la generación de incertidumbre han tenido consecuencias adversas para la economía colombiana. Esto deja al país en una posición vulnerable, con grandes desafíos para recuperar la confianza de los mercados y garantizar el bienestar de la población.

martes, 15 de marzo de 2022

AHORA A PREPARAR LA ECONOMÍA PARA OTRO SOBRESALTO MUNDIAL


 

Después de ser golpeada por la pandemia del COVID-19, los estrangulamientos de la cadena de suministro y los saltos en los precios, la economía global está a punto de ser enviada a otro curso impredecible por un enfrentamiento armado en la frontera de Europa. Incluso antes de que el Kremlin ordenara el ingreso de tropas rusas a los territorios separatistas de Ucrania el pasado 24 de Febrero, la tensión había pasado factura. La promesa de castigar con sanciones a cambio por parte del presidente de USA y la posibilidad de represalias rusas ya habían hecho bajar los rendimientos de las acciones en las bolsas y habían hecho subir los precios de la gasolina en casi todo el mundo.

 

Un ataque directo de las tropas rusas podría causar aumentos vertiginosos en los precios de la energía y los alimentos, incrementar los temores de inflación y asustar a los inversores, una combinación que amenaza la inversión y el crecimiento de las economías de todo el mundo. Por duros que sean los efectos, el impacto inmediato no será tan devastador como los repentinos cierres económicos causados por primera vez por el coronavirus en 2020. Rusia es un gigante transcontinental con 146 millones de personas y un enorme arsenal nuclear, así como un proveedor clave de petróleo, gas y materias primas que mantienen en funcionamiento las fábricas del mundo. Pero a diferencia de China, que es una potencia manufacturera y está íntimamente ligada a intrincadas cadenas de suministro, Rusia es un actor menor en la economía global. Italia, con la mitad de la población y menos recursos naturales, tiene una economía que es el doble de grande. Polonia exporta más bienes a la Unión Europea que Rusia.

 

Rusia es increíblemente poco importante en la economía global excepto por el petróleo y el gas, “Básicamente es una gran gasolinera”. Europa obtiene casi el 40 por ciento de su gas natural y el 25 por ciento de su petróleo de Rusia, y es probable que sufra picos en las facturas de calefacción y gas, que ya se están disparando. Las reservas de gas natural están a menos de un tercio de su capacidad, con semanas de clima frío por delante, y los líderes europeos ya han acusado al presidente de Rusia, Vladimir Putin, de reducir los suministros para obtener una ventaja política.

 

Y luego están los precios de los alimentos, que han subido a su nivel más alto en más de una década en gran parte debido al desorden de la cadena de suministro de la pandemia, según un informe reciente de las Naciones Unidas. Rusia es el mayor proveedor mundial de trigo y, junto con Ucrania, representa casi una cuarta parte de las exportaciones mundiales totales. Para algunos países, la dependencia es mucho mayor. Ese flujo de grano representa más del 70 por ciento de las importaciones totales de trigo de Egipto y Turquía. Esto ejercerá más presión sobre Turquía, que ya se encuentra en medio de una crisis económica y luchando con una inflación que se acerca al 50 por ciento, con precios de alimentos, combustible y electricidad por las nubes.

 

Y como siempre, la carga recae más sobre los más vulnerables. Las personas más pobres gastan una mayor parte de sus ingresos en alimentos y calefacción. Ucrania, conocida durante mucho tiempo como el "granero de Europa", en realidad envía más del 40 por ciento de sus exportaciones de trigo y maíz a Oriente Medio o África, donde existe la preocupación de que una mayor escasez de alimentos y aumentos de precios puedan avivar el malestar social. Líbano, por ejemplo, que está experimentando una de las crisis económicas más devastadoras en más de un siglo, obtiene más de la mitad de su trigo de Ucrania, que también es el mayor exportador mundial de aceites de semillas como el girasol y la colza.

 

Estados Unidos respondió a la decisión de Putin de reconocer la independencia de dos territorios respaldados por Rusia en el Este del país diciendo que comenzaría a imponer sanciones limitadas a las llamadas Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk. También se emitió una orden ejecutiva que prohíbe la inversión, el comercio y el financiamiento con personas en esas regiones. Como quedó claro a partir de la pandemia, las interrupciones menores en una región pueden generar interrupciones importantes en lugares lejanos. La escasez aislada y los aumentos de precios, ya sea de gas, trigo, aluminio o níquel, pueden convertirse en una bola de nieve en un mundo que aún lucha por recuperarse de la pandemia.

 

Hay que mirar el contexto en el que se produce esta tensión mundial: Hay una alta inflación en el mundo, cadenas de suministro tensas e incertidumbre sobre lo que van a hacer los bancos centrales y cuán insistentes son los aumentos de precios en los alimentos. Las tensiones adicionales pueden ser relativamente pequeñas por sí solas, pero se están acumulando en las economías que aún se están recuperando de los golpes económicos infligidos por la pandemia. Lo que también está claro, es que la incertidumbre política y la volatilidad pesan sobre la actividad económica. Eso significa que una invasión podría tener un doble efecto: desacelerar la actividad económica y aumentar los precios. En Estados Unidos, la Reserva Federal ya enfrenta la inflación más alta en 40 años, de 7,5 por ciento en enero, y se espera que comience a subir las tasas de interés el próximo mes. Los precios más altos de la energía provocados por un conflicto en Europa pueden ser transitorios, pero podrían alimentar las preocupaciones sobre una espiral de salarios y precios.

 

También alimentan los temores de inflación la posible escasez de metales esenciales como el paladio, el aluminio y el níquel, lo que crea otra interrupción en las cadenas de suministro mundiales que ya sufren la pandemia, los bloqueos de camiones en Canadá y la escasez de semiconductores. El precio del paladio, por ejemplo, utilizado en sistemas de escape de automóviles, teléfonos móviles e incluso empastes dentales, se ha disparado en las últimas   semanas debido a los temores de que Rusia, el mayor exportador mundial del metal, pueda quedar aislada de los mercados globales. El precio del níquel, que se usa para fabricar acero y baterías para automóviles eléctricos, también ha estado aumentando.

 

Algunas de las sanciones contra Rusia por parte de Estados Unidos, como cortar el acceso al sistema de pagos internacionales conocido como SWIFT o bloquear a las empresas para que no vendan nada a Rusia que contenga componentes fabricados en Estados Unidos, perjudica a cualquiera que haga negocios con Rusia, pero en general, Estados Unidos es mucho menos vulnerable que la Unión Europea, que es el mayor socio comercial de Rusia. Es probable que los estadounidenses, como ya advirtió Biden, vean precios de gasolina más altos. Pero debido a que Estados Unidos es en sí mismo un gran productor de gas natural, esos aumentos de precios no son tan pronunciados ni tan amplios como en otros lugares. Y Europa tiene muchos más vínculos con Rusia y participa en más transacciones financieras, incluido el pago del gas ruso.

 

Compañías petroleras como Shell y Total tienen empresas conjuntas en Rusia, mientras que BP se jacta de que “es uno de los mayores inversores extranjeros en Rusia”, con vínculos con la compañía petrolera rusa Rosneft. Airbus, el gigante europeo de la aviación, obtiene titanio de Rusia. Dependiendo de lo que suceda, los efectos más significativos en la economía mundial pueden manifestarse solo a largo plazo. En cuanto a América Latina la dependencia de Rusia es poca a excepción de Cuba y Venezuela de quienes se desconocen cifras reales que permita realizar análisis; la mayoría de países latinos dependen si de la Urea, producto utilizado como fertilizante del cual Ucrania es el mayor productor.

 

Lo que si es cierto que nuevamente la economía se encuentra a merced de lo que suceda en un mundo cada día más globalizado.

miércoles, 1 de diciembre de 2021

De las Predicciones a las Realidades

 

Terminando el año 2021 y acercándonos ya a casi dos años de pandemia, todos los expertos en economía, así como las principales instituciones y centros de estudios económicos, empiezan a realizar y a presentar las denominadas predicciones para el año que llega. Para Colombia, entidades como el Banco de la República, el DANE, o el Departamento Nacional de Planeación ya tienen listas sus proyecciones de lo que deja este 2021 y de lo que será el 2022 en materia económica, proyecciones que se verán enmarcadas en un crecimiento positivo en los principales indicadores económicos. 

 

Hace aproximadamente un año, invitado como columnista en un medio de comunicación, expresaba que la pandemia generada por el COVID-19 no ocasionaría grandes cambios en el orden mundial en lo que a economía se refiere, toda vez que el modo de producción actual, el que nos rige, el capitalismo, apenas se encuentra en un estado nobel, es decir, apenas estamos en los inicios de un modo de producción que regirá por muchos años. Esto generó muchos comentarios puesto que varios colegas, conocidos y amigos vislumbraban esta pandemia como el apocalipsis del capitalismo. Pues bien, esto no sucedió y por el contrario, lo que hoy se puede observar es un gran aumento en el principal indicador del crecimiento del capitalismo, que es el consumo. Basta con salir a un centro comercial, a un restaurante, a los almacenes para observar las ansias de consumo de las personas; basta con mirar las vías llenas de vehículos nuevos; basta con ver los principales sitios turísticos abarrotados de personas, es decir, la pandemia reactivo el consumismo hoy multiplicado por las compras en línea; ya no es necesario esperar a que el Centro Comercial abra sus puertas, ya solo es abrir el celular y el mercado mundial se abre a tus ganas de consumir. 

 

En un mundo globalizado donde las fronteras no importan, siempre podemos recurrir a otros países si algo sucede; aún así en plena pandemia las fronteras de repente sí importaron, ya que los países se aferraron con fuerza a las máscaras y el equipo médico, y lucharon por obtener suministros. La crisis del coronavirus debió haber sido un poderoso recordatorio de que la unidad política y económica básica sigue siendo el estado-nación y hoy con la pandemia controlada no parece haber un cambio en el modelo globalizado.

 

Veo que las barreras se reducen e incluso se eliminan para aquellos que quedan fuera de las estructuras y salas de juntas tradicionales de la empresa. En lugar de que la responsabilidad o el monopolio determinen un ganador, el crecimiento y el éxito durante y después de la pandemia se ha dirigido a lo innovador, lo flexible y lo enérgico. El comercio minorista tradicional, los bancos tradicionales y las empresas se enfrentaron a enormes desafíos organizativos, especialmente los relacionados con la eficiencia, que muchas empresas más jóvenes y ágiles no tenían. Trabajar desde casa ha sido orgánico para un porcentaje creciente de empresas emergentes en todo el mundo que ya eran prepandémicas, y les dio una ventaja mientras el resto del mundo intentaba adaptarse. Sin la necesidad de viajes de negocios costosos y a menudo ineficientes o membresías de clubes privados, el acceso a nuevos socios e inversores ahora está a solo una llamada de distancia.

 

Si algo bueno ha quedado y que incidirá en el futuro es que el COVID-19 ha recordado a los humanos lo dependientes que somos de nuestros ecosistemas y la aguda conexión entre la salud humana y la salud de nuestro planeta. Lo que vemos ahora es una oportunidad para reflexionar, reevaluar y reimaginar las formas en que usamos nuestros recursos. En un mundo pospandémico, ha aumentado la preocupación por nuestra salud y la salud del planeta y, con ella, la voluntad de los líderes de todo el mundo de apoyar sistemas y materiales sostenibles que se sincronicen con la naturaleza. En cuanto a lo económico, no pasará de ser una fluctuación, para unos negativa y para otros positiva dentro del ciclo económico capitalista actual.

lunes, 23 de marzo de 2020

NI UN NUEVO ORDEN ECONOMICO NI NADA QUE SE LE PAREZCA

 NI UN NUEVO ORDEN ECONOMICO NI NADA QUE SE LE PAREZCA

 

 

 

Para los optimistas que se ponen felices por que vislumbran cambios en el orden económico (Hoy a causa del COVID -19), pero también para los pesimistas quienes creen que se avecina el fin del capitalismo; es bueno recordar que el Capitalismo es el modo de producción actual y que se denomina así hace poco menos de 250 años; y digo poco menos por que haciendo un repaso de los modos de producción que desde que se tiene conocimiento el hombre ha utilizado para sus relaciones sociales de producción; el Primitivismo, aquel donde el hombre basaba sus relaciones mediante el auto consumo, es decir, todo lo que producía se consumía, duró cerca de 40.000 años y no se cambió ese modo de producción sino hasta cuando el hombre encontró o descubrió que para conseguir lo que necesitaba para vivir no necesitaba trasladarse (nomadismo), descubrió la agricultura y la ganadería, en términos económicos, lo que realmente encontró con este descubrimiento fue el excedente económico 0¡que llevó a cambiar las relaciones sociales de producción.

 

Se pasó del modo Primitivo al Esclavismo, el cual duró más de 10.000 años, este modo de producción caracterizado por relaciones sociales de producción con dos clases sociales, una la dueña de los medios de producción (esclavistas) y la otra que no posee absolutamente nada (esclavos); recordemos que los grandes imperios que existieron basaron su poderío en este modo de producción; ante la caída del imperio romano las relaciones cambiaron y se da una transición de modo de producción denominada Feudalismo y se dice que es de transición debido en gran parte a que la tenencia de la tierra todavía era de quienes anteriormente se consideraban esclavistas (Ahora señor Feudal), y el Siervo, quien sin ser dueño de a tierra era quien producía para los primeros; en esta misma transición y ya muy sobre el renacimiento aparecen las escuelas del pensamiento económico; como hecho trascendental es que el hombre descubre un medio de producción nuevo, denominado CAPITAL; es decir hace apenas 250 años que nuestras relaciones sociales de producción están basadas en el capitalismo.

 

Entonces, para quienes siempre han vaticinado la caída del sistema actual, quiero decirles que falta mucho; durante los períodos antes mencionados, eventos mucho más graves pasaron en el mundo y de igual manera la transición no fue tan caótica ni catastrófica como muchos auguran. Muy seguramente se preguntarán “¿y entonces que va a pasar?”. Bajo el mismo sistema capitalista, el cual ya ha tenido varias transformaciones (recordemos que el intervencionismo o el monetarismo cambiaron al capitalismo), seguiremos viviendo por muchos siglos más.

 

Hace un tiempo empezó a darse en el mundo un capitalismo mas retributivo, aquel donde los grandes acumuladores de riqueza empiezan a realizar con su capital obras en beneficio de todos. Pandemias como la que estamos viviendo llevarán a un mundo más unido, pero igual ¡¡¡CAPITALISTA!!!

martes, 20 de agosto de 2019

CRECIMIENTO ECONÓMICO DE COLOMBIA

La economía colombiana empezó con pie derecho en 2019. El PIB registró un crecimiento de 2,8% en el primer trimestre, con respecto al mismo período de 2018. Con ese comportamiento se consolido la fase ascendente del ciclo económico y se generan expectativas positivas para el futuro cercano. El crecimiento aún es bajo con respecto a expansiones recientes, pero es un comportamiento positivo en el contexto regional..
Ese crecimiento está liderado por sectores como el financiero, la minería y el comercio al por menor, mientras que la construcción permanece en terreno negativo. La agricultura, que hace pocos años estaba registrando el mayor crecimiento, ha regresado a sus tasas de expansión históricas
La mayor dinámica económica en Colombia, se evidencia en la recuperación industrial. Con la variación de 12 meses se manifiesta la tendencia de la producción industrial, la cual a marzo de 2019 se ubicaba en 3,6% mientras que en igual mes de 2018 caía en 0,7%.

Al comparar lo corrido del período de gobierno del Presidente Duque (agosto de 2018-marzo de 2019), la producción industrial registró un crecimiento de 3,2% con respecto a similar período del año anterior, el cual venía cayendo a una tasa de 0,8%. Los sectores que más contribuyeron a dicho crecimiento fueron: bebidas con un incremento de 7,7% en los tres primeros meses, seguido por otros químicos (12,4%), farmacéuticos (8,7%), papel cartón (7,9%), plástico (6,8%), minerales no metálicos (3,1%) y confecciones (5,4%), entre otros.

Así́ mismo, el índice de confianza industrial (ICI) publicado por Fedesarrrollo, se mantiene en el cuadrante positivo en lo corrido de 2019. Precisamente, en el mes de abril de 2019, el ICI se ubicó en un balance de 4,4%, superior al presentado un año atrás, 2% . En general, de acuerdo con la encuesta el aumento se debió́ a los ligeros incrementos en el volumen actual de pedidos y en el nivel de existencias. Las ventas del comercio al por menor también se han recuperado y la variación 12 meses muestra esta tendencia. El crecimiento de este sector fue del 6% a marzo de 2019, mientras que en igual período del año pasado la variación era de 0,6%

Comparando lo corrido del período de gobierno actual, las ventas del comercio al por menor crecieron 6,4% entre agosto de 2018 y marzo de 2019 frente a igual período del año anterior. Las ventas del comercio al por menor aumentaron 4,8% en el primer trimestre de 2019 y sin combustibles la variación fue de 5,8%. Cabe señalar que de los 16 sectores, 13 registraron crecimientos en las ventas. Se destaca el aumento en las ventas de equipos de informática (16%), bebidas alcohólicas (14,7%), aseo de hogar (10,9%), electrodomésticos (8,8%), calzado (8,6%), ferretería (7,7%) y alimentos (7,1%). Se redujeron las ventas de libros papelería (-5,3%), repuestos lubricantes (-0,6%) y combustibles (-0,1%).

El sector agropecuario mantuvo una buena dinámica de crecimiento durante el primer semestre de 2018, a pesar de haberse desacelerado frente a igual período de 2017. En efecto, el PIB-real del sector creció 4,2% anual (vs. 7,8% observado en la primera mitad de 2017), favorecido por las buenas condiciones climáticas que prevalecieron en el país. Ello le permitió no solo crecer a un ritmo superior al esperado (2,3% a inicios de 2018), sino también por encima de 2,5% anual de la economía en su conjunto. No obstante, se ha exacerbado la crisis de rentabilidad del sector (altos costos de producción y bajos precios pagados al productor), particularmente en los sectores pecuario, cafetero y arrocero.
Si bien hay diferentes motivos para explicar dicha crisis, los elevados niveles de producción (especialmente visibles en el sector lechero y arrocero) han deteriorado los ingresos de los productores, al punto que el gobierno ha tenido que intervenir recientemente con apoyos directos.

Ello se refleja en los bajos niveles de inflación de alimentos (1,3% anual a agosto de 2018 vs. 5% promedio histórico) que se vienen presentando desde inicios de 2017.