miércoles, 18 de febrero de 2026

Colombia no crecerá por decreto: las decisiones incómodas que el próximo presidente tendrá que tomar

 En Colombia se ha vuelto costumbre prometer crecimiento económico sin explicar cómo lograrlo. Se habla de justicia social, de subsidios, de reformas, de impuestos y de cambios estructurales, pero se evita decir una verdad incómoda: ningún país crece de manera sostenida si no produce más, exporta más y atrae inversión de manera permanente. Si el próximo presidente realmente quiere fortalecer la economía y acercar a Colombia al ritmo de crecimiento de economías más sólidas, tendrá que tomar decisiones que no siempre son populares, pero sí necesarias. 

Primero: dejar de ver a la empresa como sospechosa: Durante años, el discurso público ha oscilado entre la desconfianza y la confrontación hacia el sector productivo. Sin empresas no hay empleo, sin empleo no hay consumo y sin consumo no hay crecimiento. Es una cadena elemental. El país necesita reglas claras, estabilidad jurídica y mensajes coherentes. La inversión no  llega por patriotismo ni por discursos; llega cuando existen garantías y previsibilidad.

Segundo: admitir que el Estado no puede hacerlo todo: Existe la idea persistente de que el gasto público es la solución a todos los problemas. No lo es. El Estado cumple un papel fundamental, pero cuando pretende reemplazar la iniciativa privada, los resultados suelen ser ineficiencia, burocracia y endeudamiento. El crecimiento real no nace en los escritorios oficiales, nace en las empresas, en los emprendedores y en la productividad.

Tercero: dejar de castigar al que produce: Colombia tiene uno de los sistemas tributarios más complejos y cambiantes de la región. Cada reforma promete ser la definitiva y termina generando más incertidumbre. El país necesita estabilidad tributaria, no creatividad fiscal permanente. Los inversionistas pueden adaptarse a impuestos altos o bajos, pero no a reglas que cambian cada año.

Cuarto: enfrentar el atraso en infraestructura sin discursos triunfalistas: Transportar mercancía en Colombia sigue siendo caro, lento y, en muchos casos, impredecible. Esto no es un problema menor: es una de las principales razones por las que el país pierde competitividad. Mientras movilizar un producto dentro del país cueste más que enviarlo al exterior, hablar de competitividad será más retórica que realidad. 

Quinto: entender que el crecimiento no se decreta: El crecimiento económico no se logra con anuncios, ni con discursos, ni con optimismo. Se logra con disciplina fiscal, confianza, productividad y apertura al mundo. Pretender que la economía crecerá simplemente aumentando el gasto o cambiando el modelo por razones ideológicas es desconocer la experiencia de los países que han logrado desarrollarse.

Sexto: invertir en educación productiva, no solo en cobertura: Durante décadas se ha hablado de educación como prioridad, pero pocas veces se conecta este tema con la productividad real del país. No basta con aumentar el acceso; es necesario formar técnicos, tecnólogos y profesionales en áreas que realmente impulsen la economía: logística, industria, agroindustria, tecnología, comercio exterior y servicios especializados. Un país que no forma talento alineado con su economía termina condenando a miles de jóvenes al desempleo o a la informalidad.

Séptimo: combatir la informalidad con realismo, no con sanciones: Más de la mitad de la economía colombiana se mueve en la informalidad. Pensar que este fenómeno se resuelve con controles y multas es desconocer la realidad. La informalidad existe porque ser formal muchas veces es costoso, complejo y poco rentable. Reducir trámites, simplificar impuestos y facilitar el acceso al crédito puede hacer más por la formalización que cualquier campaña o decreto.

Octavo: recuperar la confianza en el futuro: El crecimiento económico también depende de algo intangible pero decisivo: la expectativa. Cuando los empresarios dudan, frenan inversiones; cuando  las familias sienten incertidumbre, reducen el consumo; cuando los jóvenes no ven oportunidades, emigran o se resignan. Un país que pierde la confianza en su propio futuro empieza a estancarse incluso antes de que los indicadores lo reflejen.

Una verdad que pocos quieren decir

Colombia no tiene un problema de falta de recursos; tiene un problema de prioridades, de ejecución y, sobre todo, de visión de largo plazo. El próximo presidente no será recordado por lacantidad de reformas que proponga, sino por su capacidad de generar confianza, atraer inversión y permitir que el país produzca más.

Porque, al final, el crecimiento económico no depende de discursos. Depende de decisiones. Y casi siempre, las decisiones correctas son también las más difíciles de tomar.