La globalización moldea las organizaciones y las sociedades a través de la transformación de la dinámica comercial y cultural. Entre ellas se generan redes de conocimiento sobre el mundo. Las industrias con mayor capacidad para asimilar la información en las redes de información, tendrán mejor adaptación a la nueva era. El uso de las tecnologías ha impactado todos los campos de la actividad económica. De hecho, desde la aparición de los primeros componentes tecnológicos el desarrollo de las sociedades y de la comunidad mundial se ha venido desembocando en una gran integración mundial. Así mismo, ha permitido que la velocidad y el ritmo de todo lo que sucede en el mundo vayan aumentando a pasos inimaginables hace apenas dos siglos. Hoy en día, casi todas las actividades humanas involucran de alguna manera el uso de nuevas tecnologías. Las PC y los medios de comunicación se encuentran prácticamente en todas las áreas del comportamiento humano, los estados, las instituciones educativas y científicas, de hecho ya tienen un lugar importante en todos los hogares del mundo. El impacto de las tecnologías en la gestión empresarial ha sido tan primordial, que hoy sería impensable el funcionamiento de muchas empresas sin el uso de estas. La importancia de las tecnologías está dada porque la mayoría de los avances tecnológicos, avances en aparatos e infraestructuras informáticas y de comunicaciones se han concentrado en los países más desarrollados y en los polos de mayor concentración de los países intermedios y pobres, concentrando también las principales funciones políticas y económicas de la sociedad. Las tecnologías han logrado permear no solo en el ámbito empresarial, sino en toda la sociedad debido a ciertas particularidades que estas tienen que son: capacidad de penetración, convergencia, flexibilidad e interconexión.
Este es un momento de transición profunda entre una sociedad de corte industrial y otra marcada por el procesamiento de la información y las telecomunicaciones. El uso de la informática afecta de manera directa e indirecta todos los ámbitos de la sociedad; redefine la realidad, ya que modifica la forma en la que se producen y distribuyen los bienes y servicios, las relaciones internacionales, e incluso puede modificar la forma en la que las personas se interrelacionan y divierten. Para tener una idea de la magnitud de sus efectos en la sociedad y en la vida de las personas, es posible compararla con la Revolución Industrial. Con ésta, la sociedad dejó de girar en torno a la agricultura y el ámbito rural para dar paso a una civilización urbana, en torno a las ciudades, con la fábrica como institución predominante. La sociedad funciona desde entonces de acuerdo a los ritmos de la producción industrial y las jornadas laborales. El trabajo se mide con base en el reloj, las celebraciones tienden a dejar atrás sus significados agrícolas, para centrarse más en el consumo y dar satisfacción así a sistemas de producción cada vez más exigentes. Con la Revolución Industrial la sociedad cambia de manera muy dramática, generando una era de extraordinarios progresos y nuevos retos en todos los campos de la actividad humana. Durante más de 200 años, la economía del mundo se basó en un aparato industrial en permanente crecimiento y perfeccionamiento tecnológico que logró inmensos avances: de 1800 a fines del siglo XX la población mundial pasó de 900 millones de personas a 6 mil millones, un crecimiento jamás antes visto, debido en buena medida al progreso de la medicina y al aumento de la productividad en todos los campos de la economía.
En un momento histórico tan breve se tuvo un gran avance en materia de educación. Se consiguió que más de la mitad de los habitantes del planeta asistieran a la escuela y aprendieran a leer y escribir, mientras que a principios del siglo XIX sólo una minoría tenía esa habilidad. La cifra de universidades e institutos de estudios avanzados se multiplicó exponencialmente y se crearon decenas de nuevos programas o carreras. Todo ello, gracias a una sociedad industrial y empresarial mantenida en movimiento principalmente gracias al poder emanado de la energía producida por la electricidad y el petróleo. En los últimos años del siglo pasado y en este comienzo del siglo XXI, la difusión masiva de las tecnologías de la información y las comunicaciones han creado la llamada Revolución Informática que ha dado origen a una nueva época que se conoce como sociedad de la información, influenciando enormemente los procesos administrativos y gerenciales. Hoy en día gracias a todo ello se puede afirmar que el motor que impulsa a las empresas y a la economía en general es la información.
Los inventos más importantes del Siglo XX en las primeras etapas de la era industrial, como el telégrafo y el cine, evolucionaron, se diversificaron en otros medios como el teléfono o la televisión, y se difundieron, cambiándose en importantes medios de comunicación. A partir de la década de los setenta su importancia se amplió a nivel general y su cobertura se expandió a todos los rincones del mundo. Los adelantos en la tecnología de satélites hicieron posible que la televisión se transformara en un medio mundial de comunicación. En 1969 se creó la primera red global de telefonía y en la década de los años noventa el uso del cable de fibra óptica elevó exponencialmente la capacidad de las redes de telefonía. A finales del siglo XX, el mundo contaba ya con una sólida red global de telecomunicaciones. En 1971, se creó el microprocesador, máquina llamada a provocar profundos cambios en la sociedad. En 1975, aparecieron los primeros ordenadores personales, como aparatos de escritorio, que hacían uso del microprocesador como su dispositivo principal de procesamiento. Estas máquinas, mostraron ser tan útiles y versátiles que desde allí, se utilizan en una gran multiplicidad de acciones humanas y muy principalmente en las empresariales.
Desde la década de los años setenta, las economías del mundo inician un proceso de globalización que da paso a una nueva dinámica del sistema económico administrativo y empresarial del mundo, en el que los países son cada vez más dependientes de lo que sucede en los otros. Este proceso ha permitido la integración de mercados de productos y servicios de diferentes países. Las empresas que participan en las cadenas de producción proceden de varios países, esto ha genera nuevos retos y grandes oportunidades a las compañías que han sabido enfrentarlos.
La globalización implantó reformas fundamentales en la naturaleza de la economía. Por ejemplo, cambió las normas de la competencia: para perdurar en un mercado que se desarrolla a lo largo y ancho del mundo con una inmensidad de variaciones y características, las empresas requieren ser muy maleables para acomodarse a las circunstancias de cada lugar, y además de creativas y organizadas para poder crear asociaciones comerciales y redes de compra, procesamiento y venta de materias y mercancías.
El factor central de éxito, en este caso, es la capacidad de obtener y procesar toda la información de manera casi instantánea. Esto les permite identificar oportunidades de nuevos mercados, coordinar a las distintas unidades de producción, controlar los inventarios, y conocer lo que está haciendo la competencia. La información de esta manera, se convierte en un recurso estratégico gracias a que puede ser generada y procesada por computadoras y transmitida a través de las redes de telecomunicaciones.
En síntesis, la integración económica y social del mundo, a través de la globalización ha fomentado un sistema económico dominante que tiene en el avance tecnológico de los sistemas de información y la comunicación su factor primordial, dejando de lado el esquema económico industrial que giraba en torno al dominio de las fuentes de energía. Hoy, todos los ámbitos de la economía se han visto influenciados de manera indirecta o directa por el uso de las nuevas tecnologías, como microcomputadoras y las telecomunicaciones. Esta transformación abre una nueva era, comparada con la Revolución Industrial, que ofrecerá mayor competitividad a las sociedades que se adapten a ella.
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